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En el siguiente mapamundi resumo la vuelta al mundo ideal que quisiera realizar para acabar de conocer todos los territorios del mundo, mas no creo que la materialice tal cual aparece, debido a las circunstancias actuales de mi vida. En efecto, no es igual viajar a los 20 años, cuando tus padres son jóvenes y aun no te has reproducido, que cuando ya has empleado 30 años netos de tu vida en viajar sin parar y rondas los 60 años de edad, como es mi caso, con mi madre con la salud muy delicada y con tres hijas que precisan mi atención. Ya no puedo dar una vuelta al mundo durante varios años seguidos, despreocupado, a lo "viva la Pepa", como antes hacía, y trabajar por el camino de cualquier cosa. Y es que mi entorno ha cambiado.
Cuando materialice estos últimos proyectos viajeros, haya aprendido todo cuanto los viajes puedan ofrecerme, crecido más interiormente y mi alma esté satisfecha, dedicaré tiempo a los nietos que mis hijas me den y les contaré batallitas de viajes, como el abuelo de la familia Cebolleta. Me convertiré en un monje de ciudad.
Lo que me resta por conocer de nuestro bello planeta Tierra lo acometeré de la siguiente guisa:
- De Asia penetraré en lugares escogidos del Kurdistán Iraquí, del cual solo conozco Mosul y alrededores, para convivir un tiempo con los Yesidis y los Nestorianos y aprender de ellos. Luego estudiaré las condiciones en las que viven subyugados los armenios en la provincia georgiana de Javakhk, poblada mayoritariamente por armenios, donde los georgianos les privan de derechos. Alcanzaré sitios ignotos de la enorme República de Kazajstán y la República de Karakalpakstan, dentro de Uzbekistán, para, a continuación, dirigirme a los valles casi impenetrables de la República Autónoma de Gorno Badakhshan, a pie y en burro, a la búsqueda de unas escuelas legendarias de derviches. Tras ello proseguiré por China para introducirme furtivamente en el fragmento de Aksai Chin, invadido a Ladakh por los chinos. Continuaré en autostop al Monte Kailas y más adelante visitaré las Islas Spratly.
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Hace años me sobresaltaron las siguientes dudas: ¿Es moral viajar tanto? ¿No se podría gastar todo el dinero que empleo en los viajes en aliviar el sufrimiento humano? ¿Es que acaso los nativos de Mozambique, Bangla Desh o Paraguay no tienen también derecho a conocer su planeta y hacer turismo al Coliseo de Roma, a la Torre Eiffel de París, o al Museo del Prado de Madrid, como hacen los occidentales?... Durante mucho tiempo estos y otros pensamientos similares no me dejaban ni un momento en paz y mi conciencia me remordía implacablemente, día y noche. Observaba que muchos turistas viajaban a países exóticos para contemplar, arrobados, la clase de gente que ignora en sus países de origen. Otros se gastaban fortunas en safaris en países africanos para fotografiar a los animales, en tomar el sol en atolones del Océano Pacífico adonde llegaban en lujosos cruceros, o bien en desplazarse a países remotos para golpear con un palito a una bolita para intentar introducirla en un agujerito en unos campos que se llaman de “golf”. Con el importe del billete de avión o de barco y la estancia de solo uno de ellos se podría alimentar a una familia pobre africana o asiática durante un año. Mientras que en mi caso casi todo el dinero que ahorro trabajando o de la venta de mis libros lo empleo íntegramente en mis viajes. Soy recatado en mis escasos gastos, no poseo vehículo, siempre camino o tomo el metro y el autobús, como lo justo y solo compro lo que encuentro más barato en los mercados, visto aún ropa de cuando hice la “mili” y, por supuesto, jamás compro (ni mucho menos leo) los manipuladores periódicos, que tratan de adoctrinar a los ciudadanos y cuya redacción es controlada por comisarios políticos. (Lo peor de todo, peor aun que los parásitos sindicalistas, son las "sectas de cortijo" o esos políticos periféricos de corral que exhalan odio y que en algunas regiones españolas pretenden eliminar nuestra bella lengua de Cervantes, compartida por 25 países del orbe y hablada por 500 millones de personas, e imponer una lengua muy minoritaria, completamente inútil para un viajero -claro, esos políticos de cortijo no son viajeros- que incluso es minoritaria en la propia región donde se quiere forzar a hablar como única, además de adoctrinar a los niños a odiar su propio país (España), mientras que el que podría impedirlo se pasa la vida esquiando en los Pirineos o paseando en velero por las Baleares). Mas a pesar de mi vida austera, miles de veces me he sentido culpable cuando he negado limosnas a las legiones de menesterosos tullidos que me han suplicado lastimeramente. Tras distribuir algunas monedas o billetes a los más desesperados, me reprimía y rechazaba a los demás conteniendo las lágrimas, pues no podía repartir todo mi dinero y regresar a casa. Mil veces he estado a punto de renunciar a mis viajes y buscar un medio de expiar mi falta de piedad ante gente afligida y tanto despilfarro cometido para financiar mis viajes a lo largo de toda mi vida.
Y logré el equilibrio en mi mundo interior. Ahora sé que mis viajes son justificados y conscientes (ser viajero es un estado de conciencia), pues de todos ellos extraigo enseñanzas que me ayudan a vivir correctamente. Ahora solo quisiera poder exclamar alborozado el día que deje de viajar: "Oh, Dios mío, qué rico he sido! Fui uno con el planeta Tierra, participé en su dinámica, le hablé de tú a tú, escudriñé todos sus chakras y vi lugares maravillosos que pocos humanos imaginan siquiera que existen. Gocé de una vida bella e intensa, sentí el mundo entero a mi disposición, lo comprendí y lo amé. ¡Gracias, un millón de gracias!”
Eran los últimos días de Octubre de 2007. Durante varias noches dormía en el Vaticano, en el suelo, bajo las columnas de la Piazza di San Pietro, junto a miles de peregrinos españoles y de otras nacionalidades. Todo mi dinero me lo habían robado los jueces georgianos en Batumi, a través de un negociador, en un simulacro de juicio, para poder ser liberado de una inmunda mazmorra, donde permanecí sin comer varios días (me acusaron de haber penetrado en la prohibida república rebelde de Abjasia).
MM. SS. Trinità Degli Spagnoli, Roma ----------------------------------------------------------------------
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